El extremismo y la simplificación no son características exclusivas de la política. Más bien, llegan a todas las áreas de nuestro debate social y económico; No hay tema que no polarice, haciendo que nos coloquemos de un lado o del otro. Este es el caso del turismo por excelencia, en el que nos movemos entre defender su decadencia o, por el contrario, permitir que la voluntad del libre mercado conduzca a un aumento continuo del número de visitantes. Estos días, con el inicio del verano, han vuelto a surgir posiciones fuertes en una dirección u otra.

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