Pode bien para crecer mejor, por Anthony Canetti

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Los árboles dan diferentes frutos según cómo se poden. Si la poda tiene éxito, el árbol se vuelve más fuerte y productivo y acaba beneficiando a todo el medio ambiente. Con los impuestos pasa exactamente lo mismo. Cuando las políticas fiscales se recortan y se adaptan a las realidades de las pequeñas y medianas empresas, las recompensas no se limitan sólo a quienes inician un negocio: son más inversión, más creatividad, más empleos y más prosperidad.

La reducción gradual del impuesto de sociedades para las empresas con una facturación inferior a 10 millones de euros es una de esas buenas mejoras. Los recursos que las pymes no destinarán a impuestos se transformarán en capacidad de invertir, digitalizar, mejorar la productividad y crear empleo. Cuando las PYMES ganan competitividad, también lo hace el país.

Un granjero trabajando en un campo. Kay Forsterling/EFE

Según las estimaciones de Bemec, esta rebaja fiscal supondría un ahorro de unos 270 millones de euros para las pymes de Cataluña este año y 1.162 millones hasta 2029. No es sólo dinero lo que está desapareciendo de la economía; Por el contrario, se traducirá en nuevas inversiones, mayor creatividad, mejoras de productividad, capitalización empresarial y mayor capacidad para afrontar un entorno cada vez más competitivo.

Llevamos mucho tiempo defendiendo la necesidad de adaptar el impuesto de sociedades al tamaño real de las empresas, convencidos de que no se puede exigir el mismo esfuerzo fiscal a una pequeña empresa familiar que a una gran empresa. Hoy, esta petición ya no es sólo una sugerencia, sino que se ha convertido en una realidad. Es una prueba de que la defensa corporativa funciona cuando se basa en el conocimiento de la realidad empresarial y la perseverancia. Cuando las PYMES tienen voz propia, participan en espacios de toma de decisiones y están presentes en el puente del liderazgo, las políticas públicas responden mejor a las necesidades del tejido productivo. Y termina con resultados.

Sin embargo, este no es el final del camino. Sigue siendo necesario facilitar el acceso a incentivos fiscales vinculados a la investigación, el desarrollo y la innovación, fomentar la reinversión de beneficios y promover medidas que mejoren el tamaño y la solvencia de las pequeñas y medianas empresas. Si queremos una economía más resiliente y productiva, los impuestos deben seguir siendo una palanca para el crecimiento, no un freno.

El recorte del impuesto de sociedades representa un punto de inflexión. Demuestra que cuando las PYMES son escuchadas y tienen poder de influencia, sus propuestas terminan dando frutos que benefician a todo el país. En Pimec seguiremos trabajando para construir un entorno más competitivo y equitativo.



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