Mundial 2026: Los aficionados extranjeros descubren la cultura estadounidense de las propinas… y la desafían
Choque de culturas. El público europeo que viajó a Estados Unidos para apoyar a las selecciones nacionales que competirán en el Mundial de 2026 disfrutó probando hamburguesas neoyorquinas, barbacoa texana e incluso cerveza de Kansas. Pero un componente de la cultura local no ha pasado: la propina, es decir, la propina casi obligatoria, o muy recomendable, que acompaña a cualquier servicio en Uncle Sam’s Country.
El precio mostrado a cualquier negocio o abierto al público es en realidad un precio base. Hay que añadir impuestos previamente (entre un 5 y un 10% según el estado). Y en bares y restaurantes es necesario “dar propina”, es decir, es necesario dar una propina que servirá como pago adicional a los empleados.
El sector de la restauración sigue normas que van más allá del marco normal: el salario mínimo puede ser muy inferior al legal. Camareras y camareros complementan con las propinas que dejan los clientes. Se recomienda agregar del 15 al 25% de la factura al momento de realizar el pago.
La factura se acumula rápidamente y, con motivo de un Mundial ya muy caro (precio de las entradas para los partidos, gastos de viaje, etc.), a muchos aficionados les parece excesiva.
En Europa servicio incluido
En muchas ciudades anfitrionas de torneos, restaurantes y camareros protestan contra estas sumas ridículas, a veces el 5% de la cuenta, que dejan como propina grupos de europeos que visten sus camisetas de selecciones nacionales.
De ahí un choque cultural: en Europa, América del Sur o gran parte de Asia el servicio ya está integrado en el valor mostrado y los empleados reciben ingresos independientes de la generosidad de los clientes. Dejar algunas monedas es un gesto opcional, reservado para un servicio considerado excepcional.
Ante la afluencia de turistas, muchos restauradores han optado por implementar este incremento de forma automática. En Atlanta, muchos establecimientos aumentaron las bonificaciones automáticas al 20% para proteger los ingresos de sus equipos durante la competición. Otras ciudades también han adoptado medidas similares.
Un acalorado debate en Estados Unidos
Pero esta estrategia no es unánime. En Kansas City, algunas empresas finalmente abandonaron el sistema después de que no pudieron recibir tantos visitantes internacionales como se esperaba. Los clientes locales también se han quejado de estos cargos agregados automáticamente, que a veces se consideran recargos injustos.
Este debate va mucho más allá del marco de la Copa del Mundo. Durante muchos años, los economistas y los defensores de los empleados han criticado el modelo que basa una parte del salario en la generosidad de los consumidores.
Varios estados de EE.UU. ya han elegido otro camino al imponer un salario mínimo completo a los camareros, añadiendo propinas a su remuneración en lugar de sustituirlas.