Las empresas públicas, en el foco, Mariano Guendal

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La presunta conspiración corrupta liderada por el exmilitante socialista Leer Díaz y Vicente Fernández, expresidente de la Sociedad Estatal de Acciones Industriales (SEPI) entre 2018 y 2019, causó graves daños a las empresas públicas. Irónicamente, uno de los símbolos más emblemáticos de la izquierda, la defensa pública, está siendo erosionado desde dentro. La corrupción actúa como una plaga de termitas en un edificio histórico: devoran sus muros de carga hasta colapsarlos.

Algo similar ocurrió con las cajas de ahorros: su politización y mala gestión, agravadas por la corrupción, las llevaron a la quiebra y a su desaparición convirtiéndose en bancos. El caso Bankia, bajo el gobierno de Rodrigo Rato, es el caso más simbólico, pero derecha e izquierda han abusado de las instituciones que se suponía debían proteger.

investigación

La SEPI es el centro de las investigaciones de la Policía Judicial y la Fiscalía Anticorrupción sobre dos grandes conspiraciones por un total de 180 millones de euros bajo sospecha.

Durante el período de transición, las empresas públicas se convirtieron en una pesada carga para el crecimiento de la economía española. Muchos de ellos estaban en quiebra. Están agrupados en el Instituto Nacional de Industria (INI). Fue creado por Franco en 1941 a imagen del modelo fascista italiano de Mussolini para mantener una economía independiente. Dos décadas después, el resultado fue un auténtico desastre. En 1995, después de un extenso proceso de privatización, el gobierno socialista de Felipe González disolvió el Instituto Nacional del Indio y creó en su lugar la SEPI, una entidad de derecho público dependiente del Ministerio de Hacienda. Pedro Solbes, un socialdemócrata moderado y entonces Ministro de Economía, redujo el papel de la SEPI a una posición marginal como accionista de las empresas estratégicas del Estado. El problema fue parcialmente abordado y allanó el camino para el gobierno de José María Aznar.

Entre 1996 y 2004, el Partido Popular vendió 52 empresas gubernamentales, recaudando más de 30.000 millones de dólares. Estos ingresos contribuyeron a depurar las cuentas públicas y permitieron a España cumplir con los requisitos que Europa había exigido desde el principio para incorporarse a la eurozona. Rodrigo Rato, que lideró el proceso desde el Ministerio de Economía, buscó modernizar la economía española sobre la base de que la gestión privada aportaba mayor eficiencia, competencia y competitividad.

Borja Sánchez Trillo/EFE

Se lograron los objetivos y la economía mejoró significativamente, pero la corrupción volvió a ser el principal problema. Los cercanos a Rato y Aznar se enriquecieron y compartieron el botín con sus aliados nacionalistas de Convergència i Unió, liderados por Jordi Pujol, cuyo apoyo les permitió gobernar. La empresa pública se utilizó como moneda de cambio.

La situación volvió a cambiar con la llegada al poder de Pedro Sánchez, que formó un gobierno de coalición progresista con Podemos, heredero de los excomunistas liderados por Pablo Iglesias. El público recuperó su posición destacada y, con el apoyo del llamado bloque de coalición, la SEPI se convirtió en una parte esencial de una política económica más intervencionista. Como no se esperaba, la corrupción ha vuelto a extenderse. La SEPI es el foco de las investigaciones de la Policía Judicial y la Fiscalía Anticorrupción sobre dos grandes conspiraciones por un total de 180 millones de euros bajo sospecha. Las investigaciones apuntan a supuestas combinaciones de sobornos ilegales, tráfico de influencias, fraude en contratos públicos y rescates gubernamentales entre 2021 y 2023. Entre las empresas investigadas se encuentran Tubos Reunidos, Plus Ultra, Enusa, Sepedes, Correos y Mercasa.



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