Estancamiento de la mente, Fernando Trias de Pace

Ya hay profesionales de vacaciones. Activan una respuesta automática por correo electrónico: “Me perderé un día como este hasta el día de hoy…” Proporcionan el último informe. Cierran el portátil.

Te tumbas frente al mar o bajo la sombra de un árbol y descubres que la persona que no empezó las vacaciones es tu cabeza. La mente sigue trabajando. Revisar conversaciones. Reconstruir reuniones. Anticipar decisiones. Imagine problemas que aún no existen. Encuentre soluciones a problemas que ya no podrán resolverse hasta su regreso. La posición del cuerpo ha cambiado. La mente todavía está en la oficina. Para los profesionales liberales, esto ocurre con particular intensidad. Un abogado, médico, arquitecto o consultor vive de su capacidad de pensar. Durante once meses entrenan su cerebro para detectar peligros, responder rápidamente, conectar ideas y resolver situaciones complejas. La mente gana velocidad. Toda velocidad genera inercia.

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Descansar no significa dejar la mente en blanco. Consiste en devolver el ritmo humano a los asuntos no profesionales.

La inercia, como en la física, nos dice que un cuerpo en movimiento no se detiene instantáneamente. Ni pensamiento. Después de cientos de días tomando decisiones, a nadie debería sorprenderle que el primer día de vacaciones la cabeza siga dando vueltas al mismo ritmo que el último día de trabajo. Fingir lo contrario equivale a pedirle a tu corazón que deje de latir durante unas horas porque ha comenzado el verano.

Mucha gente interpreta la incapacidad de desapegarse mentalmente como un fracaso. Creen que no saben descansar. No hay necesidad de castigarse. Simplemente estamos atravesando un momento en el que la mente necesita desacelerar. Así como el cuerpo necesita unos minutos para recuperar el pulso después de correr, la mente necesita varios días para abandonar el ritmo que ha vivido durante meses. También hay una paradoja. Cuanto más intentes obligarte a vaciar tu mente, más ideas aparecerán. La atención se dirige precisamente hacia lo que se quiere evitar. Por este motivo, el descanso no suele llegar como resultado de una orden, sino de un cambio paulatino de ritmo. La mente acepta mejor las transformaciones que las hipótesis.

¿Qué hay que hacer? nada. Lo último es decirnos a nosotros mismos que no pensemos en el trabajo. Es peor. La mente no entiende. Se trata de prestar atención a otras cosas. En conversaciones de verano, en una novela, en la historia del lugar que visitamos o en la artesanía y el jardín de la casa de verano. Descansar no significa dejar la mente en blanco. Consiste en devolver el ritmo humano a los asuntos no profesionales. Durante el año exigimos velocidad. Exigimos resultados. Las vacaciones de verano son el tiempo necesario para disolver estas prisas y centrarse en otros temas. Lentitud y modernidad. Estos son los dos secretos que te dejarán boquiabierto este verano. En tres o cuatro días se consigue. suerte.



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