Bonanza hoy, estrés mañana, de Josep Oliver Alonso

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El último diagnóstico del FMI para España ofrece una visión especialmente positiva de la situación actual y del futuro inmediato del país, aunque también advierte de la necesidad de reforzar la consolidación fiscal. Esto se debe a que, debido al envejecimiento de la población, la dinámica de la deuda pública será un factor determinante en nuestro futuro. En este sentido, mantenemos un desequilibrio importante, en parte herencia del boom inmobiliario que las autoridades no pudieron frenar: una vez que estalló la burbuja, y para evitar un colapso aún mayor (entre 2008 y 2013, se perdieron casi 4 millones de empleos), la acumulación de deuda privada se transformó en deuda pública. Este porcentaje pasó del 35% del PIB en 2007, al 98% en 2019, al 119% en 2020 (Covid-19) y al 101% en 2025. Y las expectativas para el año 2031 en un 91% ( monitor financiero 2026).

En este contexto, el Fondo Monetario Internacional destaca algunos aspectos relacionados con los ingresos y gastos públicos. Para este último, estima presiones al alza en defensa, en pensiones vinculadas al IPC y en el servicio de la deuda financiera; Para los primeros, recomienda aumentar los impuestos indirectos sobre el consumo y el medio ambiente: aumentar el impuesto al valor agregado en hoteles, restaurantes, alquileres vacacionales, salud y educación, e imponer impuestos especiales a los hidrocarburos sobre el diésel hasta que sean equivalentes al impuesto a la gasolina.

A medio y largo plazo se acumulan nubes financieras que acabarán acabando

El apoyo a estas reformas se debe a tres razones diferentes. Primero, porque los elevados valores del impuesto sobre la renta y de las contribuciones sociales no hacen deseable aumentarlos por sus efectos negativos sobre el crecimiento, mientras que aumentar los impuestos indirectos no debería cambiar su dinámica; En segundo lugar, porque los tipos reducidos del IVA no contribuyen a la redistribución del ingreso: su naturaleza actual es claramente regresiva; Finalmente, porque estas reformas en su conjunto podrían generar hasta un 2% del PIB en forma de ingresos adicionales, lo que, junto con un menor apoyo a la renta, debería permitir reducir la financiación estatal de la seguridad social, contribuyendo al mismo tiempo a la reforma del sistema de financiación en las comunidades autónomas. El Fondo Monetario Internacional estima que este coste ascenderá al 1,1% del PIB, lo que permitiría resolver los problemas de escasez de financiación y dotar a las sociedades de los recursos necesarios para satisfacer las crecientes necesidades en los ámbitos de la salud y los medios de vida. En definitiva, afrontar el inevitable aumento del gasto, manteniendo al mismo tiempo la senda de consolidación fiscal.

Gracias a una recuperación del consumo y la inversión, vinculada al aumento del empleo y la migración, la economía está funcionando bien. De hecho, las cosas van muy bien. Pero a medio y largo plazo se acumulan nubes financieras que acabarán por vaciarse. Por ello, el Fondo Monetario Internacional advierte que el auge actual debería utilizarse para reducir los déficits y la deuda. A pesar de los buenos tiempos, el pasado todavía pesa sobre nosotros.



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