Los psicólogos revelan por qué los adolescentes suelen discutir, lo que puede ser un signo positivo
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Muchos padres se sienten confundidos cuando sus hijos comienzan a entrar en la adolescencia. Los niños que antes eran cercanos y obedientes gradualmente cambian y discuten con más frecuencia, quieren su propio espacio y priorizan a los amigos sobre la familia.
Según la psicóloga Preeta Tice, esta condición es en realidad una parte normal del proceso de crecimiento y desarrollo del adolescente. Cuando se reunió con Grab en el evento Family Calm Guide en Bele Nusa, Yakarta, el martes (30/6/2026), Prita explicó que según la teoría del desarrollo psicosocial de Erik Erikson, los adolescentes de 12 a 18 años se encuentran en la etapa de exploración de la identidad propia.
“Lo que realmente buscan es la autoidentificación”, explica Preeta.
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En esta etapa, los adolescentes quieren reconocer que sus pensamientos y sentimientos son válidos. Necesitan espacio para probar cosas por sí solos sin demasiada interferencia de los padres.
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Según Preeta, esto a menudo genera conflictos en el hogar. Cuando los niños empiezan a decir: “Lo quiero así” o “los tiempos son diferentes ahora”, los padres suelen verlo como una forma de desprecio. De hecho, esta actitud demuestra que el niño está desarrollando su independencia.
“Es mejor para los adolescentes evitarlo que responder ‘lo que sea’. Significa que están aprendiendo a expresar sus opiniones”, afirma.
Preeta explica que si los niños dependen demasiado de las decisiones de sus padres, corren el riesgo de experimentar confusión de roles o de identidad. Los síntomas aparecen cuando los niños siempre están confundidos a la hora de tomar decisiones, desde pasatiempos, especialidades universitarias hasta actividades preferidas.
En esta etapa se produce un proceso llamado individuación, cuando los adolescentes comienzan a separar su identidad de la de sus padres. Algunos de los síntomas incluyen que las amistades se vuelven más importantes, una mayor necesidad de privacidad, un deseo de explorar las propias habilidades e incluso sentirse avergonzado al estar demasiado “conectado” con sus padres en espacios públicos.
“A veces los padres consideran que los adolescentes son vergonzosos, no porque no los amen, sino porque están desarrollando su propia identidad social”, dice Preeta.
Sin embargo, Preeta insiste en que renunciar a la libertad no significa renunciar por completo. Los padres aún necesitan estar presentes, pero de una manera más adaptable: brindando confianza, monitoreando según sea necesario y aún respetando los límites de privacidad del niño.
A través de pequeñas experiencias como establecer su propio horario, decidir actividades o viajar siempre sin compañía, los adolescentes aprenden a autogestionarse, a tomar decisiones y a comprender las consecuencias. Según Pritta, este proceso es importante para que los niños se conviertan en individuos seguros, independientes y con identidades fuertes.
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