La Unión Europea entre la espada y la pared por Josep Oliver Alonso

Después de décadas de consenso, la nueva situación geopolítica global coloca a la Unión Europea en una posición muy compleja. Esto no se debe sólo a las amenazas de Donald Trump en Turquía respecto a Groenlandia: amenazas destinadas a mantener la impunidad de sus empresas tecnológicas, su desdén por la OTAN o su advertencia contra la aplicación de una directiva que castigaría a sus productores en 2027 por las emisiones de metano, so pena de cortar el suministro de gas natural. Pero también porque al cambio en América del Norte se suman los efectos del surgimiento de China y del teatro europeo, donde los intereses de Rusia y la Unión Europea parecen irreconciliables, si bien es cierto que nada es eterno en la política internacional: los enemigos de hoy pueden convertirse en socios del mañana.

De todo ello, hoy surge la preocupación por la posibilidad de que la tregua entre China y Estados Unidos en materia de tierras raras y sus aplicaciones no se renueve a partir de noviembre (China controla el 66% de estos metales y el 88% de la capacidad de refino mundial), además de este conflicto ya existente por la prohibición de exportar maquinaria de la holandesa ASML o los aranceles a los coches eléctricos y la respuesta china penalizando las importaciones de alimentos.

La nueva situación geopolítica global coloca a la Unión Europea en una posición muy compleja

Problemas sectoriales a los que hay que sumar el creciente deterioro de la balanza comercial de la UE con China: entre 2015 y 2025, nuestras importaciones aumentaron un 61% (de 351.000 a 654.000 millones de euros), mientras que las exportaciones crecieron a la mitad (de 170.000 a 199.000 millones de euros), de modo que el déficit comercial con China se duplicó en la última década, hasta los 365 millones de euros. Mil millones de dólares en 2025, aproximadamente el 2% del PIB de la UE.

En este contexto, no sorprende que Alemania esté a favor de la propuesta francesa (también apoyada por Italia y Polonia) de implementar un sistema rápido de sanciones aduaneras, similar al artículo 301 de Estados Unidos, para los países considerados con prácticas comerciales inadecuadas, superando las dificultades que enfrenta el instrumento anticoerción. Esta propuesta se basa en la percepción del peligro creciente, reconocido por la Comisión, para el futuro de grandes sectores europeos amenazados por la enorme capacidad productiva de China, sus políticas industriales y la necesidad de penetrar en los mercados europeos ante las dificultades que impone la política de Trump a Estados Unidos.

Al enfrentarnos a Rusia y también, aunque de manera menos aguda, a Estados Unidos y China, los europeos no estamos preparados para resolver rápidamente los desafíos que han surgido en la última década. Pensábamos que éramos los únicos defensores del bienestar social, la lucha contra la contaminación y el cambio climático, incluso hablábamos de los impactos negativos de la inteligencia artificial, y ahora nos enfrentamos a problemas implacables y más mundanos de innovación, competitividad y dependencia externa. ¡Ay, Europa!



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